Desde Coyhaique: dos escuelas y sus comunidades energéticas

En Chile, el desafío de transitar hacia sistemas de generación de energía sustentables ha generado verdaderos laboratorios sociales con sus propias prácticas locales. La investigadora Gloria Baigorrotegui observó el caso de una ciudad y una localidad, ambas geográficamente remotas que, en medio de la pandemia, trabajan para lograr su autonomía energética.

Las escuelas permiten dar cuenta de las múltiples agencias que las personas construyen en torno a esta infraestructura, tanto en el ámbito educativo como de convivencia. Uno de las redes que se genera tiene que ver, precisamente, con la energía -su generación y uso-, la que se vio particularmente afectada en el contexto de pandemia.

Así, la investigadora NUMIES Gloria Baigorrotegui, junto al equipo de investigación, determinaron que sería oportuno seguir el monitoreo de la escuela Nieves del sur, ubicada en Coyhaique, y la reparación de la memoria colectiva de las infraestructuras comunes en la escuela Miguel Montencinos, en Puerto Edén. En la primera se transitó hacia un sistema central de calefacción monitoreado remotamente y, en la segunda, actualmente se  demanda retornar a la electrificación por fuentes energéticas autóctonas en un sistema aislado del Sistema Interconectado eléctrico regional.

Ante el obligado confinamiento esta red “se ha roto desde las casas sin conexión a internet, allí es donde se conciben los hogares más vulnerables. Pero también surgen nuevas formas de reconexión desde el profesorado y sus apoderadas/os, quienes intentan poner en contacto a estas/os niñas/os y sus familias, aun cuando existe riesgo de contagiarse”, explica la Doctora en Filosofía mención Estudios Sociales y Políticos de la Ciencia y la Tecnología.

A partir de una perspectiva socio-material, -es decir, que estudia la relación de las personas con la tecnología considerando también el espacio en que están insertos y sus formas de organización- el grupo observó el surgimiento de las llamadas comunidades energéticas, nuevas formas de enfocar la generación y distribución de la energía a partir de las prácticas de reparación que sus habitantes llevan a cabo en ambas infraestructuras remotas.

El propio trabajo de del equipo de investigación se vio afectado ostensiblemente por los efectos pandémicos del COVID-19 al impedir el trabajo en terreno de 10 casas monitoreadas en Coyhaique y una turbina hidroeléctrica monitoreada en Puerto edén. Esto significó seguir una ruta alternativa para rescatar los registros de las infraestructuras energéticas y medioambientales comunes: desde la voz y los haceres de sus propias personas situadas en la localidad.

En el caso de la escuela Miguel Montecinos, el proyecto se acopló con otro realizado previamente centrado en su historia. Así la propuesta se extendió no sólo a la tradición del centro educativo, sino también a la de su comunidad escolar. Para ello, analizan los cambios de infraestructuras energéticas en sintonía con su profesora a cargo Romina Pizarro, quien articula los programas educativos para historia, castellano, de responsabilidad de Denis Montecinos y ciencias naturales, el cual imparte la profesora Romina en esta escuela multi-grado.

En tanto, con la escuela Nieves del sur se trabaja en el diseño co-construido con su director Fabián Muñoz, encargada de UTP Marcela Pavez y profesora de Historia y geografía Carolina Villavicencio. Ellos coordinan la recopilación de la historia de los cambios infraestructurales de la escuela y su contribución a la calidad térmica y del aire de la ciudad. Estas actividades estarán inspiradas en actividades artísticas y culturales, articuladas con los cursos de sexto básico, lo cual complementa con los datos de las evidencias más importantes a nivel de historia de Chile.

El rol de las comunidades

Un hito fundamental en este trabajo es identificar cómo se constituye cada comunidad energética, una tarea que “más allá de sus modalidades técnicamente asistidas o promovidas localmente, no puede darse por sentado. Si bien la comunidad escolar mantiene lazos importantísimos en geografías remotas, la pandemia ha roto el vínculo con aquellas/os estudiantes sin acceso a tecnologías de la comunicación, que pueden resultar mucho más perjudicadas/os y estar en una situación de mayor vulnerabilidad al no poder seguir con los programas educativos”, explica la investigadora.

De esta forma, surgen nuevas reparaciones relativas a estas desconexiones que contemplan distintos factores. En el caso de la Escuela Miguel Montecinos, sus habitantes deben cuidar no sólo los horarios sino las condiciones meteorológicas y materiales para que la antena de telecomunicaciones funcione. En tanto, la escuela Nieves del Sur, se ha visto exigida a implementar planes de asistencia y semi-presencialidad, mientras ha enfrentado largos períodos de licencia de sus profesores y responsables, quienes resultaron contagiadas/os.